Recupero mi poder.

Dale un impulso a tu fuerza vital.

Se había llegado al límite.

Puede que te hayas dado cuenta de que este otoño has sabido poco de mí. También puede que no hayas notado en absoluto que no te llegaban noticias al buzón. Sea cual sea tu realidad, me he tomado un tiempo para mí. No es que normalmente no lo haga, pero esta vez ha sido distinto. Durante las medidas del gobierno en primavera disfruté a grandes sorbos de la calma, del silencio y de esa naturaleza desbordante que tan a nuestro alcance estaba para recargarnos.

En otoño todo se sentía más pesado, con menos humor, menos ganas de vivir y menos fuerza vital. A veces, pensamientos grises. Cavilaciones. Al mismo tiempo, recibía llamadas, videollamadas, consultas por Zoom, correos y visitas de personas que me decían que ya no le veían salida, que ya no tenían ánimo para seguir adelante. Iban encorvadas bajo un peso, una carga. Habían llegado al límite de lo que podían soportar. Se cuestionaban el sentido de estar aquí y estaban a punto de rendirse y/o de buscar un nuevo enfoque.

La comprensión se enfoca con más nitidez.

Mientras escuchaba sus preocupaciones, una comprensión que llevo mucho tiempo conmigo fue ganando nitidez. Todas sus historias me resultaban muy familiares y, aun así, creían que se trataba de su propia lucha. Y en parte lo es, pero no del todo. El virus de la covid-19 —por sacarlo a relucir una vez más— y todas las medidas que el gobierno toma en relación con él ponen de relieve algo que antes se oía más bien en un contexto espiritual.

Hay temas que se cierran y otros que se ponen en marcha.

Cada uno de nosotros forma parte del colectivo. El colectivo flota sobre ciertas capas de consciencia que nos arrastran consigo. Ninguna de las personas que no se sienten bien en su piel está sola. Estamos rodeados de muchas otras personas que también surfean la inquietud colectiva. Todos estamos conectados entre nosotros. Los acontecimientos están conectados entre sí. Siempre ha sido así, pero ahora se hace evidente. Las medidas colectivas nos hacen tomar consciencia de que somos parte de un todo y de que nos mecemos al ritmo de los temas que en ese momento —individual y colectivamente— se cierran y se ponen en marcha.

La tierra está a punto de dar a luz.

Es un proceso necesario. Los viejos paradigmas se desmoronan y la tierra está en plena gestación para dar a luz una nueva visión del ser humano y del mundo. Eso no ocurre sin lucha, y lo notamos. Individual y colectivamente. Tu cuerpo, que es una antena muy especializada, grita para recuperar el equilibrio. Las emociones se imponen como si cada día te subieras a una montaña rusa, solo que no se siente como un parque de atracciones. Todo en ti pide a gritos una limpieza a fondo. Un buen orden. Es hora de soltar y dejar ir aquellos viejos acontecimientos, conflictos, injusticias y sueños no vividos. Tu necesidad de hacer las paces con tu pasado y con quien eres se hace cada vez más fuerte.

El viejo paradigma forcejea.

Las medidas del gobierno contribuyen a ello. Prefiero no llamarlas medidas contra el coronavirus o la covid-19. No es el virus quien toma esas medidas. Son personas las que toman las decisiones, en este caso el gobierno y los virólogos. Y para ello utilizan métodos que aún pertenecen al viejo paradigma: el uso del poder, las obligaciones y las prohibiciones, la amenaza, la represión, el control y el castigo, sembrar miedo y pánico, recurrir a argumentos de autoridad como «científicamente demostrado», la seguridad y la salud de la población, criminalizar, hacer malabares con las cifras, centrar la atención en un único tema, ignorar la esencia del ser humano, rechazar otras perspectivas y no darles cabida, esa privacidad tan importante que de repente ya no parece serlo tanto… Quizá tú encuentres otras. No es de extrañar que carguemos con sus efectos físicos y emocionales. Nuestra antena corporal lo capta todo. Dentro de nosotros se libra una lucha inconsciente entre el viejo y el nuevo paradigma.

La piel pasa hambre.

Antes de que te subas al caballito colectivo de la indignación, a lo que por cierto tienes todo el derecho, quiero señalar que esta enumeración encaja en el marco de lo que tantas personas están viviendo en este momento. El bienestar físico, mental y emocional se deteriora. Se pierde la elasticidad. La perspectiva se esfuma. La piel pasa hambre. Todo lo que parecía tan evidente ya no parece serlo tanto. Al mismo tiempo, llueven comprensiones sobre lo que es verdaderamente importante y sobre cómo necesitamos lo esencial para sentirnos bien. Como si de repente nos diéramos cuenta de lo que significa ser humano. Entonces hablamos de conexión. Quizá no sea la palabra más buscada en Google del año, pero su uso ha aumentado considerablemente. Las medidas ponen en peligro la conexión, y no por un momento, sino durante mucho tiempo. Y eso no es casual. Sin conexión perdemos el equilibrio. Eso también ocurre en otros tiempos. Sin conexión y sin equilibrio interior perdemos nuestra fuerza. Ni siquiera podemos ya conectar con las personas que están a punto de dar el paso más importante de su vida, el viaje hacia la muerte. Una última caricia. Incluso eso se nos quita. En muchos casos tienen que hacer el tránsito solas.

La alarma de mi biología parpadeaba en rojo.

Así que yo también sentía cómo el colectivo ejercía presión sobre mi cuerpo y mis emociones individuales. Hace años que siento el colectivo. Eso no es nada nuevo para mí. La magnitud de la presión actual, sí. Cuando sientes presión, se te invita a dejarla escapar, igual que en una vieja tetera que hierve.

A principios de 2020 tenía tres grandes planes, en este orden: renovar la planta baja de mi casa, poner al día mi salud y dar pasos activos para conocer a una nueva pareja. Esto último, a menos que ocurra un milagro, todavía requerirá un poco de paciencia. Lo primero lo puedo marcar como hecho. Lo segundo ha requerido toda mi atención en los últimos meses. Por fin he encontrado a dos personas que han interpretado correctamente mi grito de auxilio en cuanto a la salud. En algunos terrenos tengo conocimientos, en otros menos, y ellas completan perfectamente esa laguna. Después de años, se me escuchó en relación con el origen físico/químico de lo que yo veo como el problema. Ya era hora, porque la alarma de mi biología estaba parpadeando en rojo.

La perspectiva abre nuevas ventanas.

Había perdido mi fuerza, mi tan querida vitalidad. Mis clientes y participantes acuden a mí, entre otras cosas, por esa fuerza vital, por ese volver a levantarse una y otra vez, por ese volver a ver perspectiva una y otra vez, y ahí estaba yo, prácticamente agotada. Mi ego podría haberlo vivido como una cuestión de honor y de quedar mal, pero por suerte hace años que dejé atrás esa fase. La consciencia que hay en mí sabe que es una fase necesaria, un cierre, el capítulo final de un tema vital. La mano tendida, el diagnóstico acertado, el consejo adecuado para recuperarme y el hecho de sentirme escuchada son para mí casi como la mano tendida de Dios. Y lo agradezco. Igual que mi padre, antiguamente, inflaba la piscina de plástico hasta llenarla con una pequeña bomba de mano, así se va recuperando mi energía vital. La recuperación aún llevará un tiempo, pero el movimiento ya está en marcha. La perspectiva vuelve a abrir nuevas ventanas.

Avivada por un corazón amoroso.

Al mismo tiempo, me llegaban todas esas señales de alarma de personas que buscaban un asidero. Cuando escucho sus historias y su petición de ayuda, algo ocurre en mí. Cada vez. Una determinada fuerza se yergue en mí, con los dos pies en el suelo y las piernas separadas, firme, inquebrantable. Sin dudar, en conexión con la tierra y el universo, avivada por un corazón amoroso que ve, oye y siente, y que se conecta con el ser del alma de la persona a la que escucho. Entonces lo vuelvo a re’cord’ar. El movimiento ondulante de la vida, en el que la separación y la conexión se van alternando. La necesidad de vivir a fondo mis propios procesos, para que después las comprensiones y la sabiduría adquiridas puedan estar al servicio del proceso de crecimiento de otras personas.
Lo he hecho ya tantas veces: tropezar, caer y levantarme. Una y otra vez. ¿Por qué iba a guardarme para mí las maneras de hacerlo posible? Compartir es mi mayor alegría.

El juego de la fuerza.

Muchas de las medidas que ahora se nos imponen, por un lado, nos hacen perder la conexión con nosotros mismos y, en otro nivel, nos llevan a buscar un contacto más elevado. Cada día, a través de los medios de comunicación, se fomenta la separación de ti mismo y de tu entorno. Al mismo tiempo, esa separación sirve para que te conectes al más alto nivel con el campo de la consciencia y de la verdad. Por un lado, nos dejamos llevar por las olas del miedo colectivo, que favorecen la separación; por otro, podemos elegir jugar a otro juego. El juego de la consciencia, de la consciencia energética, de la conexión con tu alma y con la vida. Es una elección. Eso sí, una que requiere esfuerzo. «Pierdo mi fuerza.» Es una elección. «Recupero mi fuerza.» También es una elección. Y es posible en cualquier momento. La fuerza motriz para afianzar la conexión la pone en marcha la llamada de auxilio.

De fuera hacia dentro.

Recuperar tu fuerza es prácticamente lo más poderoso que puedes hacer ahora. Es el juego más divertido al que puedes jugar y hará despertar en ti al nuevo tú. En realidad, ese nuevo tú no es tan nuevo. Se trata más bien de retirar los velos que cubren tu verdadero ser. Te des-cubres a ti mismo. Es el camino hacia el alma, y la conexión con ella, lo que se abre ante ti. En estos tiempos ya no puedes ignorarla si deseas volver a sentirte mejor. Llevando tu atención hacia dentro, en lugar de hacia los factores externos en los que ahora se nos entrena colectivamente, experimentas cambios de otro nivel. Accedes a tu inteligencia universal, que con ojos sanados te muestra de qué se tratan realmente tus temas, también en relación con el virus. Depende de ti descubrir el maravilloso mundo de la vida del alma, o no.


La ley de la esencia: el amor

Abordar mi salud desde un enfoque más acertado me da una energía refrescante y llena de inspiración. Me lleva de nuevo más adentro, a la esencia de la ley más importante, que es la ley del amor. Me invita a volver a estudiar o, mejor dicho, a leer de forma activa desde la consciencia. Me acompaña en las respuestas a las peticiones de ayuda que me llegan. Me hace resplandecer de felicidad cuando acompaño en línea mis tres formaciones anuales y veo que, después, los participantes tienen más contacto con el campo universal del amor y vuelven a ver perspectiva. Me anima a hacer sanaciones a distancia en una versión renovada. Anima a mi nieta a contar el sueño de su vida (¡sí, sí, con 7 años!), y enseguida dimos los primeros pasos para hacerlo realidad. Entonces vi amor y gratitud en todo su ser. No, no, no la alegría de siempre, sino amor desde el alma. Eso no tiene precio.

Lo hacemos juntos.

Recuperar nuestra fuerza no es algo que tengamos que hacer solos. Ha llegado el momento de hacer muchas más cosas juntos. En lo práctico, se nos obliga a mantener la distancia, pero conectar a nivel del alma trasciende todas las leyes sin infringirlas. La energía del grupo te sostiene y tú eres un apoyo para lo que sucede en el grupo, incluso cuando practicas a solas. Eso es lo que podemos hacer ahora mismo. De forma activa y consciente.

La luz siempre vence.

Nos quieren hacer creer que estamos en tiempos oscuros. Es cierto que ha habido mucho sufrimiento y que aún habrá más. Pero lo que nunca debemos olvidar es que siempre hay luz en algún lugar. Al estrecharse nuestro foco, olvidamos los puntitos de luz y, por tanto, también olvidamos seguirlos. Lo explico a menudo en mis formaciones. La luz es tu guía, tu señal en el camino, tu puerta hacia nuevas oportunidades, una nueva imagen de ti y una nueva visión del mundo. Juntos podemos orientarnos hacia la luz radiante que nos hace sentir fuertes de nuevo y que nos lleva hacia la confianza en nosotros mismos, la creatividad, la autoestima, el potencial, las posibilidades, la fuerza y la firmeza, y mucho más. Además, juntos formamos una gigantesca red de luz que a su vez invita a otras personas a estar en su fuerza. Todas las lucecitas de Navidad juntas no son nada a su lado.

Regalos de Navidad para ti y tus seres queridos.

Querido lector, querida lectora:
Quizá tú también te hayas quedado varado en algún punto del camino, hayas perdido (parte de) tu fuerza y desees darle la vuelta. Es posible hacerlo con resultados si sigues los movimientos que surgen de dentro, si aprendes a escuchar los susurros de tu alma. Puedo ayudarte en ello desde distintos enfoques. Puedo acompañarte para que recuperes tu fuerza en una versión más elevada. Como recuperar tu fuerza requiere un esfuerzo constante, este blog está repleto de regalos de Navidad. Como motivación extra. Para ti, pero también para alguien a quien quieres. Si eres de esas personas que no dejan pasar sus oportunidades, sigue leyendo sin falta y aprovecha los regalos que encontrarás en los enlaces de abajo. Todos son especiales, pero hay uno que es realmente único. Eso sí, solo puedo ofrecerlo a un número limitado de personas. ¿Te apuntas?

Gracias por leer hasta aquí. Espero haber podido llegarte con esta historia sobre la fuerza. Te deseo unas fiestas navideñas llenas de fuerza serena para tu corazón, que no deja de expandirse.


Con saludos llenos de fuerza vital

Hilde Van Bulck

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