60 años. Pasar página al pasado.

¿Por qué mi cumpleaños número 60 fue tan distinto de los demás?

En los últimos años apenas prestaba atención a mi cumpleaños, y menos aún a celebrarlo con una fiesta. Hace poco cumplí 60. Esta vez fue diferente. Ya en otoño de 2020 había enviado invitaciones para el día de mi cumpleaños. Sentía que quería estar rodeada de lo que para mí tiene sentido.

Mi cumpleaños era el 23 de mayo. Tradicionalmente es un día en que hace buen tiempo. Tenía plena confianza. Y lo que esperaba se hizo realidad. En medio de días de lluvia torrencial, ese día resplandeció de sol, eso sí, con una brisa fuerte pero nada molesta.

«¿Por qué este cumpleaños es tan distinto de los demás?», me pregunté. No tengo ni idea de cómo lo viven otras personas de mi edad, pero para mí es como si se hubiera trazado una línea. Por los acontecimientos de los últimos meses, siento una clara línea divisoria entre mi pasado y la vida que ahora se abre ante mí.

Sin exagerar, puedo decir que a lo largo de los años me he visto en situaciones muy duras. Situaciones que nos hicieron añicos a mí y a la imagen que tenía del mundo, como una montaña rusa que sale despedida de su vía. Necesité algo de tiempo para entender lo que había pasado, recuperarme y lamerme las heridas.

Pero ahora, en 2021, siento que las recompensas por mis esfuerzos y por el trabajo constante de crecer en consciencia me llegan en abundancia. Por todas partes recojo los frutos de un nuevo tipo de vida que se revela. Las historias, algunas de ellas con una buena dosis de drama, se han serenado. Ya están contadas. Son claras. Ya no piden atención. Hace tiempo que hice las paces con los protagonistas de mis historias. Ya no piden atención. Lo acepto con gratitud.

Cuando miro por encima del hombro mis sesenta años de vida, todavía veo cuántas veces mi vida ha pendido de un hilo. Pero eso ya no parece importante. Lo que sí importa es que he aprendido a sobrevivir a situaciones difíciles, lo que hace falta para volver a ponerte, una y otra vez, en tu energía vital. Por eso la calidad de mi vida no ha ido cuesta abajo. Ha subido. Aunque no solo según las normas sociales. Por dentro he escalado las montañas más altas. Solo puedo estar agradecida.

Lo maravilloso de estos 60 años es que ya se me ha concedido llegar hasta esta edad. No a todo el mundo le es dado. Eso solo ya es un regalo inmenso. ¿Ves su valor? ¿Ve la sociedad el valor incalculable de la resiliencia que tienen las personas para volver a levantarse una y otra vez? Solo puedo estar agradecida.

Una línea bajo mi pasado. ¿Entiendes lo que quiero decir? Las situaciones pasadas ya no ejercen presión. Por eso vivir en el AHORA, estar presente y seguir estándolo, es mucho más fácil de lo que nunca fue. Un resultado inesperado, que no había previsto de entrada, es que ya no tengo que hacer nada. Ya no hay ninguna obligación. Ya no tengo que demostrarle nada a nadie, y mucho menos a mí misma. Ya no tengo que rendir. Puedo sencillamente SER y ser SENCILLA en el gran terreno de juego de la vida. Estoy tan agradecida.

Cuando tuve covid hace unos meses, sentí la transformación. Se me invitó a descansar. A hacer una pausa entre mi antiguo estilo de vida y el que ahora se está desplegando. Estar enferma era mi señora de la limpieza interior en acción. Una motita de polvo aquí, otra allá. Los hilillos sueltos que quedaban de mis historias desaparecieron junto con la infección vírica. Mi cuerpo se sentía purificado y fortalecido en la suavidad. La transformación ha arrancado de forma visible, palpable y audible. Estoy tan agradecida.

Cuando mi padre, de 87 años, decidió en marzo hacer una constelación sobre su propio sistema familiar, se abrieron del todo las compuertas. Los traumas de nuestra singular historia familiar, que habían dominado nuestra vida, resultaron haberse transformado en un flujo de amor que recorría en abundancia las distintas generaciones. En esta constelación pude ver confirmada mi propia liberación de ellos. Mi propósito de vida, «difundir luz y amor», se mostró con toda claridad y estaba en pleno movimiento. Este día no fue especial solo para mí, sino para todos los presentes que participaron del elevado nivel de vibración, visible y palpable, de este acontecimiento íntimo. Importante para mis alumnos presentes. Un mensaje de esperanza y de ánimo: los esfuerzos sostenidos llevan a soltar, a recompensas, libertad, fluir, conexión, irradiación, colaboración, amor, luz, … Todo el que tenga conocimientos y experiencia en constelaciones familiares sabe que, después de darme la vida, mi padre no podía ofrecerme un regalo mayor que llevar su propio sistema a un nuevo orden. Siento su gratitud, veo su mayor vitalidad, una presencia más amplia, su interés despierto por la luz en su vida. ¿Qué sentimiento encajaría mejor aquí? Estoy agradecida.

Hace años me prometí que a los 60 estaría más sana, más flexible y con más movilidad que, pongamos, a los 25. Si era factible o no, fue una competición emocionante. Casi creí que había fracasado. Mi cuerpo lleva las huellas de los proyectiles sin control que eran mis historias. La recuperación espiritual, emocional y mental me resultó más fácil que la física. Eso pensaba. Pero incluso eso resulta ser posible.

Hace poco, a mi osteópata se le llenaron los ojos de lágrimas de emoción después de un tratamiento que me había dado. Cuando, sorprendida, le pregunté qué pasaba, me respondió: «De repente veo cuánto esfuerzo has hecho durante años para mantener tu cuerpo sano. Nunca lo había visto. Ahora lo veo». Yo también me emocioné por ese reconocimiento. Casi nadie lo ve, pero yo lo sé. Eso es lo que he hecho de muchas maneras distintas. Me ha aportado toda una biblioteca de conocimientos útiles que ningún médico me ha contado.

Mi meta se vislumbra en el horizonte. En mi fiesta mostré lo que mi cuerpo vuelve a poder hacer y que en los últimos años ya no podía. Y sigue evolucionando. La materia es más lenta que el espíritu. Y aun así, mi cuerpo también está soltando ahora lo que un día acumuló para protegerse de los proyectiles sin control. Estoy de lo más orgullosa de cada pequeña mejora que se presenta. Lo noto en mi energía y en mi capacidad de acción. En realidad, no puedo callármelo. Le estoy agradecida a mi cuerpo por la colaboración flexible que tantas veces he podido experimentar.

En 1993 tuvo lugar uno de los acontecimientos más importantes de mi vida. Con esa línea bajo mi pasado, ya no sé si fue un añito antes o después. ;-) Un big bang en toda regla, que todavía sigue expandiéndose. Uno que cambió mi vida por completo. Fue entonces cuando entré en contacto consciente con la afluencia de las corrientes universales de consciencia. Una de las decisiones más brillantes que he tomado nunca fue explorar ese camino y hacerlo mío. Me ha dado muy buenos frutos. Evidentemente, esa evolución no ha llegado a su fin. Pero lo que sí puedo decir es que a mis 60 siento que los procesos de consciencia han alcanzado una agradable madurez. Y que los sigo difundiendo y transmitiendo con un entusiasmo ardiente. Ahí están mi motivación vital, mi motor y mi fuerza impulsora. Siempre presente. Siempre en el amor. Desde el big bang, siempre me he encontrado en el momento justo con las personas adecuadas para mostrarme el camino hacia nuevos niveles. Solo puedo mirar estos encuentros con gratitud y asombro. Y no han sido encuentros cualesquiera.

Para mi cumpleaños número 60, mis hijos habían preparado una sorpresa. Habían contactado con muchos amigos de mi entorno cercano y lejano para pedirles que compartieran cómo habían vivido su relación conmigo. Así he podido recibir muchos «mensajes feel good» que me han llegado al corazón. Además, he podido leer muchas felicitaciones aquí en Facebook. Agradezco todas las palabras bonitas y los regalitos tan simpáticos que he recibido. Los guardo como un tesoro en lo más hondo. Me maravilló ver a cuántas personas, en cuántos contextos distintos, he tenido la suerte de conocer hasta ahora. Gracias a todos por desempeñar un papel, pequeño o grande, en mi vida.

Ahora miro la próxima década con una mirada abierta y una curiosidad juguetona. ¿Qué sorpresas me tendrá reservadas la vida? ¿Qué aventuras viviré todavía? ¿Qué personas maravillosas conoceré aún? ¿En qué seguiré creciendo? ¿Qué aportación podré hacer todavía? ¿Qué lugares descubriré aún?

¿Por qué fue entonces este cumpleaños número 60 tan distinto de los demás? Porque se me permite ser testigo de los procesos vitales más naturales, reconocibles para muchos, y de cómo se traducen en alegría por la vida y por todo lo que es. Merece la pena ir a por ello.

Gracias por leer hasta aquí.

Con cariño


Hilde Van Bulck

28 de mayo de 2021

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