Mires donde mires, todo suena a corona. Los periódicos y demás medios abren con titulares dramáticos. Expertos y responsables políticos advierten, corrigen el rumbo y toman medidas. Hay muchas víctimas. Y muertos. Como si el fin de los tiempos estuviera cerca. Y eso es algo seguro. Estamos asistiendo al parto de unos tiempos nuevos. Todo el mundo tiene algo que decir al respecto. Yo también. Es hora de hablar. Y de escuchar. Primero escuchar y después hablar.

Todo está conectado con todo
Un virus minúsculo tiene al mundo entero en sus garras. ¡Qué fuerza! En un abrir y cerrar de ojos ha hecho que casi todos los países del mundo hablen de él. ¡Ha acaparado toda la atención! ¡Ha sembrado el pánico! ¡Hay personas que sucumben a su presencia! ¡Ha creado miedo! ¡Ha movilizado a todo el mundo! ¡Ha paralizado países enteros! Hay que ser capaz. ¡Nunca se había visto algo así!
No perdona nada ni a nadie: ricos, pobres, famosos o desconocidos. En ese sentido no es selectivo. Simplemente muestra que está ahí y que surfea sobre la red más grande que existe: la conexión de todo y de todos. Quien alguna vez sonrió con condescendencia al oír que todo está conectado con todo, que cada pensamiento, cada emoción y cada acción tienen un efecto en el mundo entero —el efecto del aleteo de la mariposa -, ya puede borrarse la sonrisa de la cara. La conexión se muestra con toda su dureza en la propagación de la enfermedad que provoca el virus. Y se muestra también con amor en las iniciativas de solidaridad y en las soluciones creativas. ¿Podría ser que el virus esté haciendo algo a gran escala? ¿Sacar a la luz la esencia de la vida, quizá?
El monstruo del miedo
Los medios repiten sin cesar el número de enfermos y el número de muertos que lamentar. Al instante. Incluso puedes seguir las cifras en directo. Como si la muerte en persona llamara a tu puerta y no hubiera escapatoria posible. Si a eso le sumas las advertencias dramáticas de los expertos, las imágenes terribles de los enfermos, las historias dramáticas de personas concretas y el lenguaje bélico de los políticos —estamos en guerra, el enemigo invisible, caen víctimas, usamos las armas que tenemos—, no es de extrañar que te entre miedo. El monstruo del miedo se alimenta durante todo el día de muchas maneras distintas y por muchas vías. Este tipo de alimento despierta a tu monstruo interior del miedo. Para calmar las emociones de miedo, sigues al pie de la letra las noticias, porque quieres estar bien informado y que te tranquilicen. Sin embargo, te dejas arrastrar por las imágenes terribles y los análisis que auguran desgracias. Por un lado, los análisis tienen sin duda su verdad a la hora de prever el futuro con la mayor precisión posible, de modo que sus conclusiones se pueden aplicar de forma eficaz y útil. Por otro lado, puedes verte absorbido por escenarios catastróficos como si estuvieran ocurriendo ya. Con ello pierdes tu capacidad intuitiva y te cuesta más distinguir entre lo que es realmente necesario y lo que es pánico.
Escuchar al monstruo del miedo tiene consecuencias enormes. Ya se notan. Trastornos del sueño, sentimientos de soledad, depresiones y preocupaciones económicas tienen ya atrapadas a muchísimas personas. Quienes están en el poder y quieren mantener el control tienen todo el interés en que nos entre el pánico y nos traguemos lo que nos ofrecen. No todo el mundo estará de acuerdo con esta afirmación. No pasa nada. Simplemente, fíjate en cómo evoluciona todo, porque una y otra vez se nos pedirá que demos también colectivamente pasos que no siempre tienen que ver con lo esencial.

La crisis como liberación
Estamos en una situación de crisis mundial, pero que algo sea una crisis depende del punto de vista desde el que lo miremos. Si nos dejamos arrastrar por emociones intensas, la crisis será una realidad que lo engulle todo. Todo lo que crees nacerá de tu miedo.
También podemos mirar una crisis desde otra perspectiva. Nos hace chocar con nuestras creencias, visiones y acciones limitadas, y así nos impulsa a desarrollar una mirada más amplia. Podemos aprender a trascender nuestros miedos y a mirar lo que se presenta desde la quietud y la observación. Las emociones se calman. La mirada y el corazón se abren a una realidad más amplia. Empezamos a crear a partir de las oportunidades que nos ofrece la crisis y notamos cómo se avivan nuestra inspiración y nuestra creatividad. Se siente como una liberación y una expansión acelerada de nuestra consciencia.
Dale a tu monstruo del miedo el menor alimento posible. Sé selectivo con los mensajes que dejas entrar por tus ojos y sigue las medidas necesarias como forma de cuidarte a ti y a los demás, pero amplía tu realidad interior manteniéndote al margen del drama.
Sustituye el miedo por amor y confianza. Donde hay amor, el miedo no puede prosperar. Escucha también la conexión directa con tu propia fuente. Mantén el contacto contigo mismo y con la tierra.

Espacio para respirar
Si durante meses o años dormimos demasiado poco, si envenenamos nuestro cuerpo con drogas, medicamentos y alcohol, si seguimos atrapados en relaciones poco sanas, si trabajamos tanto que el equilibrio entre trabajo y descanso se rompe o si ignoramos nuestras emociones profundas, en algún momento lo pagas. Tienes un accidente, un gran revés o te pones enfermo. Tu cuerpo entra en confinamiento. Te dice basta. Es hora de recuperarte y de volver a encontrar el equilibrio.
El ritmo de vida económico global dice ahora basta. ¿Conoces algún pueblo indígena que viva permanentemente corriendo sin parar, como hacemos nosotros en nuestra sociedad moderna? ¿Llenan su día de la mañana a la noche con actividades supuestamente importantes? ¿Pasan días enteros separados de su familia y de sus hijos para hacer un trabajo importantísimo? No lo hacen. Estuve en la selva amazónica con los indígenas quechuas. Trabajan, descansan y se toman tiempo para el contacto social. ¿Significa esto que debamos vivir como ellos? En absoluto, pero la propagación del coronavirus nos catapulta a mazazos hacia lo que de verdad importa. La explotación de las fuentes de energía del planeta y de la capacidad de adaptación del ser humano se nos vuelve en contra como un bumerán. No soy la única que lo ve, pero sí llevo muchos años diciéndolo. Mira a tu alrededor las reacciones de la gente y las acciones solidarias que surgen de esta crisis. Muchos lo ven y lo sienten.
Para muchísimas personas, el vaso ya se ha colmado. Correr de un lado a otro, día tras día: ya no podemos más. Enfermamos por ello y le ponemos nombres bonitos: burn-out, bore-out, de-presión, a-dicción, tendencias suicidas, trastornos de todo tipo… El clamor por más equilibrio, aire sano, agua limpia, más silencio, vida familiar, contacto amoroso, una alimentación equilibrada y sana, sostenibilidad, políticas honestas y calidez humana viene de lejos. No tenerlo genera estrés. La cuerda está a punto de romperse. Ya no vamos a callar. Ya no podemos callar. La tierra, la vida, el pueblo se remueven. No estamos en la tierra para deslomarnos sin descanso, sino para vivir. Para vivir con calidad. El virus nos recuerda nuestro verdadero propósito vital. Y ese propósito es ser felices, ser libres, vivir nuestra esencia, ser creativos, vivir nuestra naturaleza en conexión con la naturaleza y recordar quiénes somos.
Tal como van las cosas ahora, ya no nos queda espacio para respirar. Cada vez más rápido, cada vez más. ¿Para quién? ¿Para qué? Nos comportamos como un rebaño de ovejas, empujados en direcciones que otros deciden por nosotros. Si no lo hacemos, llegan las cámaras que-están-en-todas-partes y la represión. Nos sentimos sin libertad y separados de nuestra fuente. El virus nos pone delante de las narices la sobrecarga del planeta y del ser humano. Y no olvidemos a las plantas ni a los animales. Es hora de cambiar los tiempos y darle la vuelta a la marea. Y eso está ocurriendo AHORA.
La vida normal no ha hecho más que empezar
El virus y sus consecuencias han paralizado la vida normal. ¡No es verdad! No la han paralizado. ¡Lo que han paralizado es la vida frenética! La vida normal vuelve a recibir atención y espacio para respirar. Fíjate en las medidas. No es casualidad que apunten precisamente en la dirección de lo que necesitamos.
Las neumonías nos recuerdan que respirar es lo más importante de la vida, y no solo en sentido literal. Respirar oxígeno al ritmo de la naturaleza, de nuestro campo energético y al ritmo de la respiración de nuestro hermoso planeta es una condición para vivir con facilidad. Gracias a las medidas, al circular menos coches, el aire se ha vuelto mucho más limpio en un abrir y cerrar de ojos. El agua también. Un razonamiento sencillo me hace pensar que el ser humano también puede volverse rápidamente más sano física, psíquica y emocionalmente en un tiempo relativamente corto. Si estamos dispuestos a despertar. Las consecuencias del virus nos hacen caer en una pesadilla de la que queremos despertar cuanto antes. Por fin estamos despertando colectivamente. Suena el despertador. El momento es AHORA.
El confinamiento nos muestra que todos los países, sectores y personas dependen unos de otros. Cuando un sector se detiene, se produce un inmenso efecto dominó. Nunca lo habíamos experimentado con tanta fuerza. Esto pone de relieve nuestra necesidad de conexión mutua, con nuestros seres queridos, y de una escala más pequeña. Se subraya la importancia de la calidad de nuestra manera de relacionarnos y de la calidad de las decisiones que gobiernos y empresas toman para el colectivo.
Tenemos que mantener un metro y medio de distancia entre nosotros. ¿Has notado ya qué efecto tan maravilloso tiene? Tienes la sensación de disponer de más espacio personal y percibes mejor dónde están tus límites. Los temas emocionales de los demás se quedan con menos facilidad en tu campo energético. Al mismo tiempo, nos damos cuenta de que el hambre del cuerpo se sana con más facilidad mediante la cercanía física y los abrazos cariñosos. Según las investigaciones, necesitas cuatro abrazos al día para sobrevivir, ocho para el mantenimiento normal y doce para el crecimiento personal y la transformación.(*) Lo habíamos olvidado. No tenemos este cuerpo por nada. Mantener la distancia y no tocarnos subraya la importancia del amor, la cercanía, el apoyo y la generosidad.
Esperemos que la medida de distanciamiento tenga como efecto secundario que en todas partes tengamos asientos más amplios, como en el teatro, el cine y el avión. ;-)
¡Comunícate a través de las redes sociales! Menos mal que existen. Pueden aliviar mucho el sufrimiento de la distancia. Al mismo tiempo, nada supera el contacto personal e interactivo.
¡Y luego está la cuarentena! A los catorce años estuve diez semanas en cuarentena por una hepatitis. No podía leer, ni escribir, ni ver la tele, ni recibir visitas, ni ir al colegio. Nunca he estado tan en forma mentalmente como después de aquel periodo. Nunca he estudiado con tanta facilidad ni he sacado notas tan altas. La cuarentena puede ser un regalo y un remanso de paz para tu cerebro. La conexión contigo mismo, con tu fuente, con tu fantasía y con tu mundo interior tiene oportunidades inéditas de manifestarse, porque solo en el silencio se pueden sentir. Así que deja un tiempo en paz el cerebro de los alumnos. Deja que experimenten la esencia de la vida y que se desconecten un tiempo de objetivos y obligaciones. No les va a perjudicar.
(*) Fuente: Hetkanwel.nl
Respeto por la vida más allá del corona
Las consecuencias del virus lo ponen todo en una nueva perspectiva. Durante años, la atención sanitaria física y mental ha suplicado a los políticos más personal y más recursos. No quisieron escuchar, al contrario. Ahora, de repente, se puede liberar dinero, porque queremos salvar muchas vidas. Ahora cuelgan sábanas blancas de las ventanas y el personal sanitario recibe aplausos. Se les rinde homenaje por su entrega incondicional. Hasta el rey los mencionó. Las profesiones que sostienen el funcionamiento fundamental de la sociedad ocupan ahora de lleno el primer plano. Con todo el respeto por su trabajo, ahora no son las sobrevaloradas estrellas de la tele, los deportistas, los influencers, los directores generales, los cantantes o los actores que ganan cantidades astronómicas quienes más falta hacen. Son las personas con un sueldo normal las que resultan ser de vital importancia. Hasta los basureros tienen ahora su reconocimiento. ¿Puedo dar por hecho que todas estas profesiones seguirán recibiendo después de la crisis la valoración que merecen?
Científicos y políticos dicen estar preocupados por los numerosos enfermos y muertos, y lo están dando todo para limitar los daños. Es loable, pero ¿cómo sería si dedicaran los mismos recursos y mostraran la misma motivación ante los innumerables muertos que cada año pierden la vida por otras enfermedades, en el tráfico, en regiones donde la gente vive en condiciones deplorables, por la contaminación, la violencia doméstica y sexual, las relaciones distorsionadas entre hombres y mujeres, la delincuencia, en guerras inútiles que no son las guerras del pueblo sino las de líderes separados de sí mismos? ¿Pueden las políticas poner freno a estos virus sociales que se perpetúan desde hace años/siglos? ¡Eso sí que sería tomar consciencia! Eso sí que sería una señal de que hemos entendido de verdad el respeto por la vida y el lenguaje del virus.
Un pequeño ejemplo ilustra lo anterior. ¿Sabías que la contaminación acústica, tan subestimada, se cobra cada año 1,6 millones de años de vida saludable por sus consecuencias indirectas, como infartos, trastornos del sueño, depresiones y obesidad? 1.000 millones de personas sufren pérdida auditiva y muchas tienen tinnitus, lo cual dificulta trabajar y obtener buenos resultados de aprendizaje. (*) Por mí, ante estas situaciones y todas las demás que no he mencionado, podría ponerse el mismo empeño.
(*) Fuente: Hetkanwel.nl

Llega la primavera de los nuevos tiempos
Los viejos sistemas mundiales se tambalean desde hace años. Todos los sistemas, pequeños y grandes, que se basan en creencias de consciencia que ya no sirven se están desmoronando. Los cimientos tiemblan. No es una mala señal, sino una señal poderosa de que lo nuevo, una consciencia enriquecedora, está descendiendo. Los tiempos cambian. La marea está cambiando. Grandes grupos de personas anhelan un mundo con más armonía, amor y conexión. No como una idea romántica, sino como la realidad en la que quieren educar a sus hijos y dar forma con sentido a su propia vida.
Los nuevos tiempos que quieren abrirse paso provocan inevitablemente caos y conflicto. Podrías compararlo con una semilla que, al calentarse la superficie de la tierra, siente que llega la primavera y quiere crecer. A veces lleva un pequeño casco para atravesar la superficie de la tierra siendo una planta tan frágil. Como espectador parece un crecimiento suave, pero si filmas el proceso y lo reproduces a cámara lenta, ves que hacen falta motivación y perseverancia para alcanzar la luz del sol y convertirse en una flor llena de color. Lo mismo ocurre con la nueva consciencia. Tras el aparente caos se esconde el orden. A través del conflicto evolucionamos hacia más comprensión y más armonía. Estamos, por tanto, asistiendo al parto de nuevos tiempos y nuevos sistemas.
Recordamos quiénes somos
Un nacimiento nunca llega de improviso. Se prepara durante el embarazo. Por eso tengo plena confianza en los nuevos tiempos. Muchos de vosotros lleváis años preparándoos. Has mirado de frente tus viejos temas y sistemas y has soltado lo que ya no funcionaba. Te has sumergido en el fascinante mundo de tus emociones y has liberado lo que se podía liberar. Desde entonces puedes sostener más luz y crece tu disposición a compartirla cada día con los demás. Has notado que tus esfuerzos han dado fruto. Eres más libre, más amoroso y te has desprendido (casi del todo) de tus juicios limitantes. Tu vida ha cambiado. Se ha hecho más profunda. Has descubierto el valor de tu presencia en tu cuerpo y en la tierra, igual que tu campo energético personal y el campo colectivo en conexión con el universo. Para tu sorpresa, o quizá no, has comprobado que eres mucho más de lo que creías ser. Sientes cómo bulle en ti tu potencial infinito. Sabes lo que la gratitud y el amor pueden provocar a pequeña y a gran escala. Hace mucho que sueñas con que la luz y el amor se extiendan entre las personas. A veces incluso te impacientabas. Sabes que todo tiene su momento. El momento es AHORA. SER consciente es AHORA. Empieza por uno mismo. ¿Dónde has oído eso antes?
Sabes quién eres, tú que estás en conexión directa con tu fuente.
Sabes quién eres, tú que no puedes ser otra cosa que amor.
Sabes quién eres, tú que vives tu esencia femenina.
Sabes quién eres, tú que vives tu esencia masculina.
La esencia masculina y la femenina de la mano. No se puede imaginar una transformación mayor. ¿Qué tiene que ver esto con el corona? Todo. Es ahí donde empieza. Desde un profundo respeto por quien eres como hombre o como mujer —y todas las demás formas— solo puedes sentir respeto por la otra parte y por la vida que surge de ello. Esa vida merece todo el cuidado, a través de líderes que estén en contacto con su esencia. Los ámbitos financiero, religioso, económico, político, educativo y demás de la sociedad pueden volver a recordar su verdadera esencia y desprenderse de los mecanismos que ya no sirven al planeta ni a la humanidad. Así, el planeta y las personas vuelven a tener unos pulmones sanos y suficiente espacio para respirar, para amar, bailar, crear y simplemente ser.
Abúrrete de forma creativa
Quizá seas una de esas personas que ahora tienen todo el tiempo del mundo. Puedes elegir aburrirte o convertir el tiempo del que dispones en consciencia y creatividad. Es un momento ideal para ordenar tu casa, pero sobre todo para echar una mirada reflexiva a tu casa interior. ¿Cómo está todo ahí dentro? ¿Estás satisfecho contigo mismo y con tu vida? ¿Existe en ti un lugar de quietud interior? ¿Vives la vida con la que soñabas? ¿Qué puedes soltar? ¿Qué podría ser diferente? ¿Con qué soñaba el niño o la niña que llevas dentro? ¿Qué pasos puedes dar ahora y después del confinamiento para hacer realidad esos sueños? ¿Cuánta creatividad te queda? ¿Qué puedes hacer ahora para volver a avivar tu creatividad? Si tienes hijos, ellos te ayudarán a estimularla. Sin hijos también se puede.
Algunas ideas que pueden avivar tu inspiración y tu creatividad:
· Escribe una canción, un poema, una obra de teatro, aunque creas que no sabes.
· Disfrázate y haz como si fueras actor. ¿Qué personajes interpretas? ¿Qué anhelos profundos afloran así? ¿Qué comprensiones?
· Escribe la historia de tu vida. O conviértela en un cómic. En una canción. En un poema. En una danza.
· Imagina que eres inventor. Inventa algo que tenga sentido para un ámbito concreto del mundo.
· Reúne unas velas en el centro de la mesa. Apaga todas las demás luces y cuenta historias emocionantes junto con las personas con las que convives.
· Estudia algo sobre lo que hace tiempo que querías saber más. Internet está repleto de material.
· Medita a diario, haz ejercicios de yoga, entra en tu silencio interior en relación con temas que te interesen. Reflexiona, contempla. De nuevo, internet puede ser una fuente de inspiración.

TIEMPO de solidaridad y TIEMPO de esencia
Así que nada de actuar a golpe de pánico, sino cuidarte bien a ti, a los demás y a todas las personas que quieres. Aprovecha las oportunidades para un mundo nuevo. El país, la nación, las autoridades te dan todo el tiempo para ello. Y eso sí que no se había visto nunca. Eso por sí solo ya subraya lo nuevo. Mira tu vida y el mundo desde tu quietud interior. Vive la luz, vive la consciencia y crea las cosas más bonitas que puedas imaginar, para que las personas adecuadas sean atraídas hacia los puestos adecuados.
Te deseo buena salud y todo el espacio para respirar que necesites para desplegar tu consciencia individual y tu consciencia global.
El virus del amor/de la consciencia — Global living in Awareness
¿Y si propagáramos por todo el mundo el virus del amor, una pandemia de amor?
Et si nous répandions le virus de l’amour dans le monde entier, une pandémie d’amour ?
What if we spread the love virus worldwide, a love pandemic?
Hilde Van Bulck
Conferenciante • Escritora • Facilitadora de constelaciones • Asesora de organizaciones • Activadora de consciencia


