Del «No tengo tiempo» al silencio del alma.

«Ahora no», decía mi padre. «Ahora no», decía mi madre. «Ahora no», les decía yo a mis hijos. «Ahora no», me decía a mí misma. «Ahora no», decían mis jefes. «Ahora no», dicen mis clientes. Al «Ahora no» casi siempre le sigue un «No tengo tiempo». Si hubiera llevado la cuenta de las veces que he usado este argumento en mi vida, podría presumir de una puntuación altísima. Sin embargo, por no tener tiempo, he desperdiciado ya mucho tiempo valioso. Y no soy la única. En el fondo lo sabemos y, aun así, pasamos por alto la importancia del tiempo en el ahora.

«Otra persona me ha hecho justo la misma sugerencia que tú la última vez, y sin duda voy a hacerlo, pero ahora no. El año que viene», así empezó la sesión mi clienta.

«¿Todavía no has empezado?». Tenía curiosidad por saber el resultado.

«Ganas no me faltan, pero ahora no tengo tiempo. Primero tengo otras cosas que hacer. Mis clientes y todo lo demás van primero. Lo haré el año que viene. Ser creativa para mí misma puede esperar un poco».

Le propuse que miráramos un momento qué le hacía ese «No tengo tiempo», pero me topé con resistencia. No quería hablar de ello. Ahora no. Más tarde. Sintonizando con su energía, percibí que no debía dejar escapar esta oportunidad así como así. Con el argumento de que no pretendía convencerla de ser creativa para sí misma con su querida arcilla, sí logré convencerla de observar el efecto del tiempo en su cuerpo y sus emociones.

“Tómate siempre tiempo para las cosas que te hacen feliz. No esperes a que llegue el momento perfecto. Porque entonces, casi con toda seguridad, dejarás pasar el momento adecuado.”

Para mí es un auténtico placer trabajar con alguien que percibe la energía tan bien como esta clienta. Es más jugar y conectar que trabajar. Es vivirlo juntas y esperar con ilusión un resultado que no conocemos de antemano.

«Cuando piensas “No tengo tiempo”, ¿dónde lo sientes en tu cuerpo?». Señaló su garganta sin decir palabra. Ya estábamos en marcha. Ahora solo tenía que hacer preguntas. Las imágenes surgirían por sí solas y traerían las respuestas que necesitaba para su proceso de crecimiento.

«¿Qué forma tiene ese “No tengo tiempo” en tu garganta?».

«Parece una piedra. Una negra».

«¿Qué tipo de piedra?».

«Una rocosa».

«Si sigues mirando, ¿qué ves?».

«Veo destellos. Hay puntitos luminosos por todas partes». Estaba bien conectada con su percepción en imágenes. «Se parece más a la antracita».

«Céntrate en los destellos. ¿Qué pasa entonces?». Se tomó un momento para percibir.

«Todo empieza a chispear. Se convierte en unos grandes fuegos artificiales. Me emociona su belleza».

«Sigue mirando. Inspíralo. Deja entrar del todo los fuegos artificiales. Deja entrar la emoción. Hazla tuya».

«Todo mi cuerpo empieza a hormiguear. Oh, siento cómo fluye mi sangre». Si el entusiasmo, el asombro y el silencio pueden ir de la mano, así era en ese momento.

«Sigue sintiendo. Quédate con el fluir de tu sangre. Sigue mirando. ¿Qué pasa ahora?».

«Oh, oh, no me lo puedo creer. Me siento viva. Estoy viva. ¡Estoy viva!».

«¿Qué te hace sentirte viva?».

«Me siento dichosa. Soy. Estoy aquí y ahora. Qué experiencia».

Se hizo un silencio más silencioso que el silencio. «¿Ya no puedes hablar?». Con la mano, que agitó delante de su garganta, me indicó que no. Estaba sentada en su silla, resplandeciente y radiante. Y yo también. Ver a alguien llegar al aquí y ahora, a la presencia del «Yo soy», es la mayor recompensa de mi trabajo.

«Todas las preguntas que quería hacer han desaparecido», susurró. Así es en el aquí y ahora. La mayoría de las preguntas dejan de tener importancia. Cerramos la sesión con la bonita música de Shaina Noll — Resting in the now — . No volveré a ver a mi clienta hasta dentro de unos meses. Quien se siente vivo no necesita venir con frecuencia.

“ Sonríe, respira y tómate tu tiempo.” Thich Nhat Hanh

Desde el «No tengo tiempo» habíamos llegado al silencio del alma. Un campo desde el que surgen otras posibilidades y se toman otras decisiones. El «No tengo tiempo» se sustituye entonces por las prioridades de la vida. La gestión del tiempo se vuelve sencilla. Sales del modo zombi, en el que día tras día haces sin pensar cosas sin importancia en las que inviertes mucho tiempo. Desde el aquí y ahora, la gestión del tiempo evoluciona hacia la gestión de la atención, con atención a las prioridades que te hacen sentir el fluir de la vida. Pruébalo y sorpréndete de la cantidad de cosas sin importancia que puedes tachar. Entonces el «No tengo tiempo» ya no puede servirte de excusa, una excusa que en el fondo sabes que es una mentirijilla.

Con la gestión de la atención, el argumento del tiempo pierde fuerza. No es el tiempo el responsable de lo que consigues o no consigues hacer. La responsabilidad es tuya y de las decisiones que tomas. ¿Qué eliges tú? ¿Qué decisiones tienen prioridad? ¿En qué inviertes tu atención?

“Tomarte tiempo para ti es una elección.”

Eliges dormir lo suficiente o no. Eliges comer sano o no. Eliges pasarte horas viendo Netflix o no. Eliges meditar o no. Eliges amar o no. Eliges. Una y otra vez. Siente la fuerza que tiene esto. Cada vez que eliges tus prioridades (vitales), sientes que crecen tu fuerza y tu confianza en ti misma. El tiempo llenado de sentido te deja satisfecha contigo misma. Y desde ahí puedes volver a tomar decisiones nuevas y poderosas. El año nuevo que se avecina es una magnífica ocasión para ello, pero en realidad no hace falta esperar tanto. Puedes elegir desde el AHORA.

Hilde Van Bulck
Awareness Architect — Conferenciante — Escritora — Facilitadora de constelaciones sistémicas y asesora
AMI Activadora — Motivadora — Inspiradora
www.hildevanbulck.com

Gestión del tiempoGestión de la atenciónTiempoPrioridadesConsciencia
Leer en Medium