Vamos justos de tiempo. O, al menos, eso dicen. Hasta finales de enero todavía puedes desearle a alguien un feliz año nuevo. En realidad, cada día empieza un año nuevo, pero hemos adoptado la costumbre de ver solo el 1 de enero como su comienzo. Para mí es importante dar las gracias de corazón a todas las personas que tuve la suerte de conocer el año pasado en mis formaciones, talleres, encuentros y sesiones individuales. Gracias a vosotros puedo hacer el trabajo que más me gusta: inspirar, activar y motivar chispas de conciencia en los demás. Por eso te deseo un año nuevo en el que tu SER consciente despierte y crezca en todo lo que hagas.
Cuando los hábitos se convierten en una trampa
Yo misma miré hacia atrás y hacia delante en mi vida, con la mente lo más vacía posible, para recoger lo que había madurado. Los últimos años han sido intensos y físicamente dolorosos en cuanto a salud. Además, tengo tendencia a apoyar proyectos que no son míos. Mi entusiasmo me arrastra a ello. Y aunque ese apoyo y esa colaboración me hacen bien y me enriquecen, constato que poco a poco consumen cada vez más de mi tiempo, en detrimento de lo que quiero hacer para mí misma y para mi organización. No es nuevo. Conozco el patrón, pero hace que el dar y el recibir se desequilibren demasiado. Sentí que hacía falta actuar. Una acción en un doble movimiento: con pena en el corazón y con espacio en el corazón.
Tu prisión es inconsciente
Cada día te guía un guion invisible: tus hábitos. Los hábitos no son solo esas cosas que llevas años haciendo con el piloto automático, sino también tus hábitos de pensamiento, de creencias y emocionales. A menudo surgen porque tienen cierto carácter práctico o aportan algún tipo de estructura. Fíjate, por ejemplo, en tu rutina matutina. Desde cómo te levantas, comes, piensas y reaccionas hasta cómo te relacionas con los demás. Mucho de lo que haces sucede de forma automática, sin que te detengas a pensarlo.
¿Qué cosas sigues haciendo con atención consciente? La primera vez que aprendiste a montar en bici o a conducir, seguramente lo hiciste con interés. Al cabo de un tiempo, tu atención se difumina y deja paso a acciones inconscientes, mientras dejas que se reproduzcan escenarios enteros de pensamientos. Ya no estás en lo que haces. Lo mismo ocurre con tus pensamientos y tus creencias. ¿Qué pensamientos te pasan por la cabeza por la mañana? ¿Ya los habías pensado otras mañanas? ¿Se dirigen a determinadas situaciones o personas del pasado? Entonces estás en un hábito inconsciente. Te has ido del aquí y ahora. Piensas de forma inconsciente.
Es muy probable que ciertas circunstancias te empujen una y otra vez a caer en un determinado hábito emocional. De nuevo, esto es inconsciente. Te pierdes entonces la frescura del momento y la oportunidad de mirar la situación de manera consciente. Los hábitos que se repiten una y otra vez acaban convirtiéndose en tu prisión interior. Ya no consigues salir. Has perdido tu libertad. Vives en un encierro. Quieres liberarte, pero no sabes cómo. Los muros y los barrotes se te echan encima. Los resultados que experimentas en todos los ámbitos de tu vida son consecuencia de hábitos inconscientes. Así que eres tú quien crea tu propia prisión.
Cuando tu conciencia te anima
No tenía ningún deseo concreto ni nada que quisiera lograr a toda costa en 2025. Así que miré, desde el espacio de mi corazón y con la mente vacía, la situación tal como era en ese momento y el nuevo año que se abría ante mí. Como siempre, las circunstancias colaboran contigo para dejarte claro tu rumbo. Me retiré de dos proyectos en los que colaboraba. El espacio de mi corazón se volvió más ligero, en peso y en claridad. Las cartas, como se suele decir, salieron favorables.
«Ábrete a una percepción más amplia y a una verdad mayor.
Aquello que crees que es real se vuelve más grande y más poderoso.
Recibes nuevos impulsos de fuerza vital.
El fuego quema todas las limitaciones». Y así seguía. Mensajes canalizados que me marcaban el rumbo con ligereza.
Los efectos de las prioridades
Durante años, mi capacidad física de movimiento fue empeorando. Ahora sonaba un mensaje nuevo: «¡Es hora de moverse!». Y así fue. Encontré el acompañamiento perfecto, que se adapta a lo que ahora es posible para mi cuerpo. Mantengo este enfoque. Avanzo. Y de repente lo supe. Mi primer objetivo para 2025 es que mi salud sea la prioridad absoluta. Todo lo demás se mide con ella. Y va avanzando. Ya se ven los primeros signos de mejora. Por fin vuelvo a poder moverme con más libertad. El viejo patrón se desmorona. Un patrón nuevo, más consciente, avanza hacia un sueño de movimiento que puede hacerse realidad.
Del hábito de dispersarme al enfoque
Los mensajes te llegan de muchas maneras. A partir de una constelación organizacional sobre mi propio funcionamiento dentro de mi empresa, se vio que debía tratar mi organización con una atención renovada. «Atención renovada»: eso me sonó a música celestial. No otra atención. Renovada. Se sentía abierto y lúdico, aún desconocido, pero no ajeno. Se rompió un viejo hábito de fragmentar mi tiempo. Mi atención y mi tiempo volvieron a enfocarse de forma consciente. Se convirtió en mi segundo objetivo para 2025.
SER consciente como clave del cambio
En realidad, no existen hábitos buenos y malos. Todos son hábitos. Mientras los ejecutes con el piloto automático, no vives desde este momento y repites el mismo patrón. El hábito tiene poder sobre ti. Te dice lo que tienes que hacer y no tienes defensa ante él. Sin embargo, en cuanto percibes el hábito de forma consciente, surge un momento de elección. Con solo reconocer qué desencadenantes activan determinados patrones, abres la puerta al cambio. Una pregunta tan sencilla como «¿Por qué hago esto, en realidad?» ya puede poner en marcha un cambio. Si sales a caminar cada día, puedes hacerlo de forma inconsciente o de forma consciente. Es la segunda opción la que te da posibilidades de elegir, de modo que puede surgir un resultado distinto. Puede ser otra ruta u otro ritmo. Es un reto hacer de forma consciente todo lo que haces, pero la recompensa es grande. Además, la intención y la repetición desempeñan un papel crucial. Los hábitos no se forman de un día para otro, ni se abandonan de una sola vez. Sin embargo, pequeños cambios constantes pueden tener un impacto enorme a largo plazo.
La conciencia creativa
Dos objetivos para 2025 me bastan. Todo lo demás se deriva de ellos. Mientras escribo este texto, el sol brilla entre las nubes. Así lo siento en mi corazón. El sol brilla y resplandece. Para 2025 elijo la convicción por encima de la duda. Los pasos que doy en 2025 no se parecen a los que di en 2024. Tengo curiosidad por ver adónde me llevarán mis pies, literal y figuradamente. Mi mente vacía y mi corazón espacioso colaboran y crean más ideas de las que puedo desarrollar. El discernimiento decidirá cuáles ven la luz. Y aunque me encantaría contarlo con todo detalle, de momento guardo silencio. Todo a su tiempo.
Nuevas oportunidades de vida
En marzo de 2023, el cardiólogo me dijo que mi esperanza de vida se limitaba a septiembre de 2023. Como máximo. Y así lo sentía yo también. Ya hace año y medio que pasó septiembre de 2023. He vuelto. Y con creces. He recibido una nueva oportunidad de vida. Mi gratitud es inmensa. Hace poco se lo dije a otro especialista. Se levantó, se acercó a mí y me estrechó la mano entre las suyas. Lo miré con cara interrogante. «Si supieras qué pocos pacientes lo ven así…», me dijo. A través de mis mensajes de mente vacía supe que mi recuperación duraría tres años. Todavía estoy solo a mitad de camino. ¿Cómo será dentro de año y medio?
Del hábito a la transformación
Así que solo queda una cosa por hacer. Si empiezas a utilizar tus hábitos de forma consciente, se convierten en un instrumento poderoso de crecimiento personal y colectivo. Esto te pide que vivas cada momento como nuevo y que tu manera de relacionarte con él también sea nueva. Todo parece fresco. Te sientes con más vida. Tu relación consciente con tu cuerpo, tus pensamientos, tus creencias y tus emociones pone en marcha un movimiento hacia la libertad. Y resulta que la libertad es precisamente aquello que más anhelamos como seres humanos. Sin embargo, esa libertad no llega sola. Necesita tu percepción consciente. ¡Y acción consciente! Imagina que cada día practicas de forma consciente la gratitud o la respiración, o que haces preguntas abiertas en lugar de emitir juicios automáticos: ¿qué pasaría entonces? Lo bonito es que también puedes hacerlo con las cosas cotidianas que tienes entre manos: atarte los cordones, planchar, maquillarte, trabajar en el jardín o asistir a una reunión. Hay un sinfín de posibilidades para practicar. El SER consciente te eleva a un nivel superior. Ahora aplícalo en compañía: en un grupo, en tu familia o en el trabajo. ¿Qué ocurre entonces?
El dolor de rodilla que desenmascara los hábitos
El año pasado mis rodillas se hicieron notar. Te ahorro los detalles dolorosos. Por supuesto, sé que no hacían tanto ruido porque sí. Traen un mensaje, más fuerte que nunca. Escuché, sentí, actué, medité, visualicé, me dejé tratar, me cuidé, me relajé, practiqué, exploré y consulté… Más a fondo de lo que acostumbraba, aunque nunca había ignorado mis rodillas. Un especialista me advirtió: «Esto va a empeorar mucho y ya no se va a curar nunca. No hay nada que hacer». Es una respuesta que no me sirve para nada y, al mismo tiempo, me sirve para mucho. Una respuesta así me pone en marcha.
Cuando mi prioridad para 2025 quedó clara, mi mente vacía y mi corazón de espacio abierto exclamaron a coro: «Tus rodillas tienen que ver con la flexibilidad». Eso, por supuesto, ya lo sabía. «Te niegas a abandonar y cambiar algunos hábitos. Ahí está tu respuesta». Interesante. No sentí la tentación de apartar la mirada ni de indignarme. Esa sola frase decía todo lo que necesitaba saber. Con eso sí podía hacer algo. Me alegró. Podía ponerme manos a la obra. Para mí está claro qué hábitos entran en juego. En realidad, ya estaba trabajando en ello desde que tomé la decisión de renovar mi enfoque. Pero fue a más. Me propuse examinar este año todos mis hábitos de una forma lúdica y divertida, y ver en qué niveles puede filtrarse más conciencia. Siento que voy a disfrutar mucho y a aprender muchísimo. Voy a hacerlo con amor, sin detestar mis viejos hábitos. Me despediré de ellos con amor y gratitud. Paso a paso. Un año tiene muchos días.
Este artículo ya es, de entrada, el resultado del mensaje de mis rodillas.
¿Y tú?
¿Te animas a hacer balance de tus hábitos de una forma lúdica? ¿Te animas a hacer espacio y a renovarlos con el SER consciente? ¿Me permites un consejo? Si anotas dónde estás ahora, qué patrón antiguo cambias y cómo introduces algo nuevo, al final del año tendrás una visión de conjunto de tu crecimiento.
Con un saludo lleno de ganas de vivir
Hilde Van Bulck
Awareness Architect, facilitadora de constelaciones sistémicas y asesora
Directora de Constelaciones y Educación en Constellators International.



