Antes pensaba que había muchos problemas distintos. Tras más de veinte años trabajando con clientes y alumnos, al cabo de unos años empecé a verlo de otra manera. La mayoría de los problemas con los que las personas luchan en su interior podrían reducirse a un gran problema de base, del que todos los demás se derivan. A menudo las personas están desconectadas de sí mismas, han perdido la conexión, su anclaje en el AHORA ya no existe. Deambulan por un mundo de recuerdos, de situaciones y acontecimientos antiguos que parecen tan reales que se convierten en su realidad absoluta. Se han perdido en el pasado. En este artículo quiero, sobre todo, observar y explicar este fenómeno desde distintos ángulos, más que desarrollar la solución. Eso da para otro artículo. Aun así, al final te daré algunos pasos básicos para aprender a dar el paso del pasado al presente.
Empujados por el pasado y atraídos por el futuro
Hace años, cuando todavía no conocía ninguna técnica de pintura, pinté un lienzo con este tema: empujados por el pasado y atraídos por el futuro. El título se lo puse después, ya que no tenía ninguna intención concreta, sino que dejé a mis pinceles total libertad para crear lo que quisieran. Como Awareness Architect, recibo a clientes que acuden a mí para vivir la vida de una manera más consciente. El cuadro me pareció interesante porque podía utilizarlo en las sesiones con los clientes que seguían atrapados en patrones muy arraigados. Una de las características de esos patrones es que, con tu presencia, viajas inconscientemente de un lado a otro entre el pasado y el futuro, y por eso te pierdes por completo el momento presente y tu patrón no llega a resolverse. El cuadro aclaraba algo. Aportaba claridad a algo que no siempre es fácil de expresar con palabras. La energía del cuadro tocaba sus emociones. Tantos años después, representaría de otra manera la relación entre la fuerza que empuja desde el pasado y la fuerza que atrae desde el futuro, pero en su momento el cuadro cumplió su propósito.

Sufrimos el síndrome del retrovisor
Seguro que alguna mañana te has levantado mientras mantenías en tu cabeza conversaciones con personas que tuvieron un papel en una situación que ocurrió ayer o incluso hace mucho tiempo. Quizá notes que entonces tu tranquilidad cambia y eso afecta a tu humor o a tu vitalidad. Es muy posible que mantengas conversaciones contigo mismo como si estuvieras en una rotonda, dando siempre la misma vuelta. ¿Cuántas vueltas has dado ya a esa rotonda? ¿Y cuántos años llevas haciéndolo? Estás mirando por el retrovisor.
Seguro que alguna vez le has preguntado a tu padre por qué sigue haciendo ciertas cosas de una manera, cuando quizá podría hacerlas de otra.
«¿Por qué lo haces así?»
«Porque así me lo enseñó mi madre. Antes era así. Entonces lo hacíamos así.» Durante todos esos años repite lo que aprendió de otra persona. Quizá ella también repitió toda su vida lo que aprendió de su madre. Así, tu padre puede vivir durante décadas, o durante toda su vida, con creencias y patrones que tienen generaciones de antigüedad, sin que se le ocurra nunca desarrollar una creencia propia, o sin conseguirlo. Sigue mirando por el retrovisor.
Seguro que has visto a tu abuela animarse y contar con entusiasmo acontecimientos de hace sesenta, setenta u ochenta años. O quiere volver siempre a la casa familiar en la que vivió de niña para recorrer el camino que hacía de casa a la escuela. En el momento en que habla de ello, revive, se pone contenta o triste. Sigue mirando por el retrovisor.
Desorientación temporal colectiva
En cuanto te fijas en ello, ya no puedes dejar de verlo. Casi todo el mundo lo hace. Es muy probable que tú también lo hagas, o que lo hayas hecho. O que estés practicando para dejar de hacerlo. ¿De qué se trata? Muchas personas viven con su atención y sus emociones en el pasado. Como si lo hubieran acordado así y todas estuvieran de acuerdo. Parece lo más natural. Más bien se sorprenden cuando alguien se lo señala. Y lo más habitual es que lo nieguen, porque no son conscientes de ello. Parece una especie de desorientación temporal colectiva. Una en la que el estar-ausente toma el relevo del estar-presente.
Tu pasado no es un lugar donde quedarte a vivir
Para muchos de nosotros, nuestro pasado es como un castillo gigantesco en el que nos hemos empadronado. Está formado por innumerables pasillos, escaleras, salones, estancias, habitaciones secretas, habitaciones oscuras, habitaciones del amor, habitaciones del drama, habitaciones de víctima, habitaciones de tenía-que-haber-sido-distinto, habitaciones de reproches, habitaciones dolorosas, habitaciones de trauma, habitaciones de pequeños-placeres, habitaciones de no-quiero-saberlo, habitaciones de por-qué-a-mí, habitaciones de es-por-culpa-de-eso y habitaciones de hago-como-si-no-existiera. Lo hemos convertido en nuestra residencia fija. Vamos de una habitación a otra. Mantenemos incansablemente las habitaciones que son importantes para nosotros. La habitación que en ese momento más nos atrae y más enciende nuestras emociones la exploramos y la estudiamos una y otra vez. Los recuerdos se mezclan con interpretaciones e imprecisiones, completados con detalles llenos de color, y así se forma una historia que para nosotros tiene coherencia. Esa historia no es la verdad. Es la verdad de quien la ha creado. Desde esa verdad intentamos vivir en el AHORA. Un intento que casi siempre tropieza con obstáculos, porque intentamos encajar lo que ocurre en el AHORA en nuestra historia sobre el pasado.

Vivir desde el pasado es vivir sobre arenas movedizas
Todo tiene su lugar. El AHORA tiene su lugar. Lo que ya pasó fueron momentos en el AHORA. Lo que está por venir son momentos en el AHORA. Así que, en cuanto al tiempo, solo hay un momento, y es el AHORA, The Eternal Now. Si vives en tu castillo del pasado, en realidad abandonas el lugar del AHORA. Intentas traer el pasado al AHORA. Y no lo consigues, porque en realidad el pasado no existe. Tu primer beso de hace quince años ya no existe. Puedes evocar su recuerdo, puedes evocar la emoción, pero el acontecimiento en sí ya no puedes evocarlo. Aquel momento en que perdiste una suma de dinero por una mala decisión ya no existe. De nuevo, puedes percibir recuerdos y emociones, pero no puedes deshacer la decisión. Del mismo modo que no puedes cambiar el tiempo de ayer de lluvia a sol, ni convertir la comida que comiste ayer en otra comida. Has perdido a un ser querido. Todavía puedes sentir ese amor, pero no puedes deshacer su tránsito. En el fondo lo sabes. Y aun sabiéndolo, en tu forma de pensar, sentir, actuar y percibir, y en tu identidad, estás invirtiendo toda tu energía en un resultado que nunca llegará.
Vives sobre arenas movedizas, sobre un suelo inestable, con cuidado de no caerte. Tienes que esforzarte mucho para mantener el equilibrio y avanzar. La vida en el AHORA te lo mostrará una y otra vez, con muchísima paciencia, en los obstáculos que va poniendo en tu camino. Para que puedas despertar en tu vida.

Tu pasado es el fundamento del presente
Al mismo tiempo, tu pasado puede ser un fundamento sólido para el AHORA. Aunque en realidad no exista. Entiendo que esto pueda confundir a tu cerebro, pero cuanto más lo observes, más se convertirá en realidad, cosa que en realidad ya es. En las habitaciones de tu castillo, llenas de temas apasionantes, se esconden lecciones de vida. Igual que un concurso de preguntas, una gincana o un logro deportivo exigen cierto esfuerzo para llegar a un resultado que te llene —sin ese esfuerzo se pierde enseguida la gracia—, lo mismo ocurre con las lecciones de vida. Aunque son visibles y se presentan una y otra vez en un bucle que se repite, nos las perdemos porque, dentro de nuestro castillo, nos lanzamos una y otra vez a esa rotonda y tenemos que volver a intentar salir de las arenas movedizas.
Si nos atrevemos a mirar desde el AHORA los temas, los pensamientos, las creencias, el dolor y las emociones que salen a la superficie, algo cambia. Paso a paso aprendes algo sobre ti y sobre los demás. Paso a paso, el enigma de la vida se te va revelando. Empiezas a elegir una salida en la rotonda. El camino se renueva. Respiras con más libertad. Aparece la perspectiva. Lo que has vivido se vuelve valioso. Tus experiencias, combinadas con una mayor afluencia de amor, te aportan sabiduría. Lo que has vivido en momentos pasados del AHORA se convierte en un fundamento sólido para el presente. El pasado está en su justo lugar. Es un proceso que requiere un compromiso firme y acciones concretas. La disciplina para ello depende de ti.

Vivir desde el pasado te vuelve imprevisible
No es anormal verse desbordado por emociones del pasado. No es anormal que vayas de visita a tu segunda residencia, tu castillo. Pero convertirlo en tu residencia permanente no es algo inocente. Las emociones antiguas salen a la superficie y determinan tu vida actual. El pasado toma las riendas y tú te ves arrastrado, como si te hubieran atado detrás de un caballo desbocado. Te pierdes a ti mismo en todos los niveles.
Además, tus reacciones se vuelven imprevisibles. Pierdes los estribos en una situación que en realidad no tenía nada de grave. Llenas de reproches a alguien porque, sin darte cuenta, esa persona te recuerda a alguien de tu pasado. Tienes miedo de «todos» los hombres o de «todas» las mujeres porque una vez tuviste una mala experiencia con alguien. Proyectas las emociones no resueltas que te quedaron de aquello, sin distinción, sobre toda la población masculina o femenina. Sobreproteges a tus hijos para que no vivan lo mismo que viviste tú. Puedes completar estos ejemplos con un sinfín de situaciones que ves a tu alrededor.
¿Cómo puede entenderte otra persona si en el AHORA reaccionas desde una situación del pasado? ¿Cómo puedes encontrar tu lugar en un grupo o en un equipo si no estás aquí? ¿Cómo puedes sentirte seguro contigo mismo, y mucho menos con otra persona, si vagas por las mazmorras de tu castillo?
En algún momento te sientas ante el bufé de las consecuencias
En algún momento te das cuenta de que no te sientes implicado en la vida. Lo que para otros parece posible, para ti parece difícil o incluso imposible. Desde tu anhelo del pasado, de cómo era o de cómo no debería haber sido, te pierdes la alegría y la abundancia de la vida. El bufé de la vida sirve platos con recetas elaboradas con los ingredientes de tu ausencia en el AHORA.
Las recetas saben a enfado, dolor, tristeza, enfermedad, trauma, miedos, rigidez, drama, miseria, celos, frustración, incomprensión, victimismo, distracciones, adicción y pérdida. Difícil para tus papilas gustativas. Ya no te entra ni un bocado. Ya no consigues digerirlo. Te acabaría provocando una indigestión.
De vez en cuando te encuentras con alguien que te dice: «Sal ya de tu castillo. Vete de viaje por el AHORA. Descubre nuevos colores, olores, sonidos y sabores. Ponte en camino. Queda tanto por descubrir. Merece la pena.» En ese momento te encuentras ante una elección. Una que tomas. O no.
«El amor yace en el fondo del manantial. No puede ahogarse, pero a la gente no le gustan las aguas profundas.»
Djwhal Khul a través de Alice A. Bailey
El discipulado en la nueva era 2
Cuando tú creces, el pasado cambia
Puedes elegir seguir empadronado en tu castillo del pasado porque te resulta más seguro. Es conocido. Sabes lo que puedes esperar. Mejor sufrir que embarcarte en una aventura desconocida cuyo desenlace el transeúnte no supo contarte.
O puedes llenar tu mochila con las lecciones de vida que has aprendido de las historias de tu vida, ponerlas a tu favor y ponerte en camino, hacia rutas desconocidas. El camino está sembrado de piedrecitas, obstáculos y desvíos, pero las nuevas experiencias son una bendición para tus pulmones. Vuelven a expandirse y contraerse al ritmo de tu alegría de vivir. Tu diafragma se relaja. Tus órganos se benefician del nuevo oxígeno y dan lo mejor de sí para cumplir su tarea lo mejor posible. Te encuentras con otros viajeros en el camino. Te cuentan nuevas historias y te inspiran describiéndote paisajes maravillosos. Tu mundo de pensamientos y experiencias sale de su inmovilidad. La vida vuelve a fluir. Vuelves a saber que estás en camino y que todo tiene sentido.
Y entonces, de repente, sin esperarlo, empiezan a aflorar recuerdos de momentos bonitos y divertidos. Hacía años que no pensabas en ellos. Por primera vez los recuerdas de nuevo. No todo fueron penas y sufrimientos. También hubo muchas cosas bonitas, pero habías puesto el foco en todo lo que no te gustaba. Has crecido. Ahora, de pronto, tu pasado parece distinto. Más suave, más amable, más amoroso. ¿Cómo has podido olvidarlo? Sonríes. Te has adentrado en el proceso.
La vida solo conoce una dirección
La vida solo conoce una dirección, y es la dirección de la libertad. Miras hacia delante desde el AHORA. La fuerza que empuja desde el pasado, que no existe, y la fuerza que atrae desde el futuro, que no existe, te mantienen firme en la silla de montar del AHORA. Siempre hacia el siguiente momento del AHORA, que siempre es AHORA. Una sensación de libertad sale a tu encuentro. Estás de viaje en tu vida.
Pasos básicos para llevar tu foco al AHORA
Consejo 1: Sentir tu cuerpo te ayuda a vivir en el AHORA
- Busca un lugar seguro y cómodo. Siéntate o túmbate.
- Cierra los ojos y dirige tu atención a tu cuerpo.
- Inspira y espira con calma. Sigue el movimiento de tu respiración.
- Deja que se haga el silencio en tu interior.
- Mira de frente las emociones de tus temas.
- Hazlo desde el momento AHORA.
- Nombra los hechos que percibes. No entres en la historia.
- Déjate acompañar por alguien si lo necesitas. Sobre todo al principio, es recomendable.
Consejo 2: Explora el pasado a través de una constelación familiar y ánclate en el presente
- Si sientes que estás preparado, plantéate hacer una constelación familiar.
- Una constelación familiar es un método terapéutico en el que miras de forma sistémica a tu familia y las dinámicas inconscientes que influyen en tu vida.
- Déjate acompañar por un facilitador de constelaciones sistémicas competente.
- Utiliza la constelación para mirar el pasado desde el AHORA, de modo que puedas aterrizar con firmeza en el presente.
Consejo 3: Respira tu camino hacia la paz interior
- Aprende distintas técnicas de respiración, como la respiración abdominal o la técnica 4–7–8.
- Empieza con ejercicios diarios de unos minutos para dominar la respiración.
- Utiliza la respiración para atravesar temas difíciles sin necesidad de ponerles palabras.
- La respiración limpia, equilibra el pensamiento, las emociones y el cuerpo, y abre tu espiritualidad.
- También puedes dejarte acompañar por un terapeuta de la respiración, pero muchos ejercicios de respiración puedes hacerlos solo.
Consejo 4: Parada de emergencia en el AHORA
- Este ejercicio sirve para ayudar a alguien a calmarse y enraizarse rápidamente durante un ataque de pánico o de miedo.
- Si sientes pánico, nombra en voz alta todos los hechos que ves a tu alrededor, con el mayor detalle posible.
- Ejemplo: «Veo una ventana dividida en tres partes. En el centro de la habitación hay una alfombra cuadrada de varios colores. Hay un cuadro colgado en la pared.»
- Ejemplo: Pasan cuatro coches, uno azul, …, un Opel, … Hay una hilera de árboles. Debajo pasea un hombre con un perro marrón. El hombre lleva sombrero.
- Esto te ayuda a volver rápidamente al AHORA concreto y a reducir el pánico.
- Después de esta observación, respira hondo varias veces para reforzar tu calma.


